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jueves, 19 septiembre, 2019
NOTICIAS LOCALES

Un emprendedor hispano a tiempo completo

TAMPA - Si hay una característica que define la personalidad del peruanoamericano Erik Maltais a la hora de abordar cualquier reto -llámese desarmar una motocicleta en 1,000 pedazos, vender helados a los 14 años de edad, patrullar zonas de guerra en Irak o marcar los pasos de una empresa de tecnología en Tampa- esta no sería otra que su emprendimiento. O quizás su curiosidad innata para encontrar soluciones donde uno creería que no las hay. Usted decida.

“Cuando veo que todo me sale muy bien y sin mucho esfuerzo, no me siento tranquilo. Es como que quiero dar la contra”, dijo Maltais. “Desde muy joven me di cuenta de eso porque aprendí que uno tiene que salir de esa zona de confort para asumir nuevos retos y desarrollar oportunidades”.

Ese mandamiento de vida ha guiado en buena parte el ritmo (y los pasos) que ha dado Maltais en diferentes terrenos y campos de acción. Incluso ahora, con sus 35 años de edad, y estando al frente de Immertec, una de las empresas de realidad virtual y 3D más promisorias del mercado tecnológico.

Maltais cofundó Immertec junto con el desarrollador de tecnología de punta, Jon Clagg, y el experto en marketing y soluciones en la industria del cuidado de la salud, Fergus Linskey. El grupo ha sido capaz de dar un salto meteórico desde que asomó en el mercado hace cinco años con soluciones de primera mano para hacer posible que la realidad virtual sea llevada al mundo de la industria médica y las cirugías, entre otras aplicaciones.

La plataforma es conocida en inglés como Medoptic Virtual Surgical Observation (VSO) y permite, por ejemplo, que un médico establecido en Buenos Aires siga al detalle, en tiempo real y con una vista panorámica de 360 grados, una cirugía que está ocurriendo en la sala de un hospital en Boston. La señal de realidad virtual es posible por la transmisión que circula a través de unos dispositivos inalámbricos. Los dispositivos del tipo Oculus están conectados a la señal de cámaras ultrasensibles de IMMERTEC. Estas cámaras son instaladas en la sala de operaciones y permiten cubrir cada detalle y pasos de la cirugía en cuestión. Con un aparato similar a un control remoto, el usuario puede incluso mover y desplazar el ángulo de visión como si estuviese presente en la sala de operaciones, entre otras ventajas.

Las posibilidades de seguir creciendo sobre este campo de realidad virtual son innumerables, según Maltais, ya que esta herramienta puede ser desarrollada para propósitos educativos de gran valor. Después de haber hecho presentaciones exitosas en centros médicos como el Hospital de Cleveland y el Centro de Excelencia de Sinusplatía, en Biloxi, Maltais adelantó que la compañía que cofundó está en conversaciones muy serias y de exclusividad con una de las empresas más importantes del ramo.

¿Cuestión de suerte? No. Todo lo contrario, según Maltais.

“Nos dimos cuenta que todo el mundo estaba concentrándose en hacer programas de entretenimiento virtual y juegos con las gafas Oculus, pero sabíamos que eso daba para más”, indicó Maltais. “Los resultados están a la vista porque con nuestra tecnología un médico especialista puede enseñar su técnica a otros colegas en cualquier parte del mundo”.

La pasión y entrega con las que Maltais se refiere al futuro inmediato de IMMERTEC puede ser entendida por la radiografía de su vida y el ejemplo de su madre, Analia Villa García Martínez quien, con sus 71 años de edad, continúa siendo un referente y ejemplo a seguir para Maltais.

Educadora de profesión, la madre de Maltais emigró desde el Perú en la década del setenta respaldada por una beca y el deseo de abrirse paso en una nueva cultura y país que ofrecía más oportunidades. En ese recorrido, la madre de Maltais hizo una vida en tierras de libertad, muy lejos de las comodidades y el entorno familiar en su natal Perú. Trabajó mañana, tarde y noche y hasta en tres empleos diferentes para sacar adelante a sus cuatro hijos.

“Y creo que el esfuerzo valió la pena, aunque realmente fue muy duro”, dijo la madre de Maltais en una entrevista telefónica con CENTRO Tampa sobre los éxitos de su hijo Erik. “Eran otras épocas, pero ellos (mis hijos) también pusieron mucho de su parte para salir adelante en medio de nuestras dificultades”.

Uno de esos episodios de vida lo protagonizó precisamente un joven y curioso Maltais que, con solo 14 años de edad, comenzó su primer negocio para ayudar a su madre con el presupuesto de la casa. El negocio consistió en vender helados en un camión de distribución mayorista que Maltais supo que estaba en alquiler a dos horas de camino de Goffstown (en New Hampshire), el pueblo donde pasó su infancia. Maltais logró que un amigo de su vecindario manejase el camión a cambio de recibir un pago diario de $100. La oferta resultó jugosa, pero no tanto como las ganancias que estaban en la mente empresarial de Maltais.

“Fue un buen comienzo porque hice entre $1,000 y $5,000 en ventas de helados”, dijo Maltais. “Al verano siguiente fue más difícil porque aparecieron otros distribuidores de helado. Pero aprendí mucho de esa experiencia”.

Con el tiempo, Maltais ingresó a las Fuerzas Armadas (Marina) para costearse posteriormente una educación superior en la Universidad Internacional de la Florida y adquirir destrezas para el futuro. En su servicio militar fue asignado a mediados del 2000 a Irak. Pasó 11 meses en diferentes zonas de combate y recorrió 11,000 millas en distintas posiciones de combate y al frente de la seguridad de convoyes o destacamentos militares. Sin embargo, la explosión de una bomba que le comprometió la mandíbula y otras partes del cuerpo aceleraron su retirada, aunque con honores y las recomendaciones de sus superiores, especialmente la de un coronel que destacó su liderazgo y arrojo en las operaciones militares más arriesgadas. Ese compromiso y valentía le sirvieron a Maltais para ser parte del Servicio Secreto de Estados Unidos y trabajar posteriormente en la seguridad embajadas estadounidenses en China, Paraguay y Macedonia así como también ser asignado a la protección de ex presidente George W. Bush en los juegos olímpicos del 2008.

Finalizada esta etapa, Maltais había ahorrado suficiente dinero como para hacer algunas inversiones estratégicas en el campo inmobiliario en St. Pete y Tampa. De paso también se entregó a la tarea de conocer más sus raíces peruanas.

“Amo al Perú, la familia que tengo allá, mis tíos, mis primos, todas sus tradiciones”, dijo Maltais, quien viaja al menos dos veces al año a Lima, la capital peruana. “Soy también un amante de su comida y especialmente de su cebiche (un plato típico a base de pescados y mariscos). Podría comerlo a cualquier hora del día”.

Con esa sencillez y humildad en su trato personal, Maltais se ha consolidado no solo como un empresario exitoso, joven, visionario y de raíces hispanas sino también como un buen amigo y colega de trabajo.

Linskey destacó sus cualidades personales y capacidad de trabajar en grupo.

“La experiencia militar pasada de Erik lo ha equipado para prosperar bajo factores estresantes que, diariamente y a menudo, se asocian con un inicio de rápido crecimiento”, dijo Linskey. “Donde otros pueden entrar en pánico, Erik se mantiene tranquilo y concentrado. Ha ayudado a nuestro equipo a salir de muchos problemas y mantener un enfoque en nuestros objetivos finales”.

Otro amigo y colaborador cercano de Maltais, el estratega César Hernández, dijo que Maltais forma parte de una legión de líderes tecnológicos emergentes en el área de la Bahía de Tampa.

“Erik representa a la nueva generación de latinos que contribuyen a este país en el sector de la tecnología, similar al fundador hispano de Duo Lingo, Luis Von Ahn”, indicó Hernández. “Y definitivamente ha logrado enaltecer los sacrificios que sus padres hicieron para venir a este país”.

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