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martes, 13 noviembre, 2018
ZONA ROSA

‘La Lucha’, un trío de jazz local con esencia

TAMPA- A escala local hay muchas bandas que se asoman en la industria musical con propuestas que transitan por géneros abiertamente comerciales. Pero no muchos se aventuran a tocar jazz del bueno y, menos aún, léalo con atención, hacerlo de una forma que saca provecho y se nutre abiertamente de la diversidad cultural.

Eso y más es ‘La Lucha’, un trío de jazz latino que se ha convertido, en poco más de una década de presencia en el terreno artístico y musical, en un referente obligado del movimiento de este género, el jazz, en la Bahía de Tampa y Saint Petersburg.

‘La Lucha’ comenzó como una banda instrumental, interpretando sus propios arreglos sobre la base del jazz tradicional. En ese proceso eventualmente empezaron a trabajar con canciones que no necesariamente encajaban con el marco (tradicional) del jazz. Un ejemplo fue la canción ‘Toxic’, de Britney Spears.

Radicado en Tampa, los integrantes de ‘La Lucha’ son tres amigos de larga data, confidentes y profesionales del arte de hacer un jazz novedoso y moderno. Ellos son Alejandro Arenas, de 36 años, Mark Feinman y John O’Leary, ambos de 32. El grupo comenzó en el 2009 con el lanzamiento de un primer disco de largo aliento, ’A fuzzy cup of water’.

Tres años más tarde vendría una segunda producción con el nombre del grupo que demostró las cualidades, y propiedades de ‘La Lucha’, para hacer un jazz cargado de espíritu universal. El disco incluyó la participación de la cantante Jun Bustamente y el saxofonista Austin Vickrey. El tercero, que salió en otoño del 2015 confirmó la calidad y el nivel de la banda. Se llamó ‘Standards, not Standards’.

El cuarto disco salió al mercado recientemente con el título ‘La Lucha Pa’Lante’.

Cada miembro del trío tiene una amplia experiencia en el desempeño artístico y musical a nivel nacional e internacional. La lista de encuentros, giras y conciertos incluyen presentaciones en distintas ciudades del país, así como giras en Italia y Francia con actuaciones emblemáticas como en el “Umbria Jazz Festival” y “Jazz a Juan” en Juan Les Pins.

El concepto principal detrás del nombre de la banda y sus integrantes es directo y no se anda con rodeos: se trata de una ‘lucha’ por ganarse la vida en el terreno musical, mientras que sus integrantes siguen la línea y mandamientos de sus visiones artísticas para encontrar un público que lo aprecie y valore por su naturaleza, propuesta y creatividad.

Arenas es colombiano y toca el bajo. Enseña en el Programa MIRA en el St. Petersburg College, además de ser un músico a tiempo completo. O’Leary toca el piano y nació en México y tiene un doctorado en Neurociencia, aunque en este momento está como músico a tiempo completo. Feinman es estadounidense y toca la batería. Enseña en MIRA.

El perfil del cuarto disco del trío de jazz es un intento por dar una mirada a la naturaleza primaria de la banda, según Arenas y O’Leary en una entrevista con CENTRO Tampa.

“Queríamos volver a las raíces del trío y hacer un álbum de música completamente original. Una gran diferencia con los discos pasados es que estamos utilizando más instrumentos, diferentes al piano acústico y la batería. Todos ellos mezclados de una forma orgánica. Es una evolución natural”, dijo Arenas.

O’Leary precisó que la oportunidad de una cuarta entrega les abrió más posibilidades para crear sus piezas.

“Ha sido una oportunidad muy buena para nosotros para presentarnos como compositores”, sostuvo O’Leary. “Es algo que no habíamos hecho antes. Ha sido muy estimulante y estuvimos de acuerdo en hacer esto”.

Arenas puntualizó que el desarrollo musical y el trabajo en nuevos proyectos que involucran propuestas diferentes son parte esencial del jazz como género.

“Creo que para nosotros es muy importante, como músicos, no quedarnos estancados. Es también parte de la naturaleza del jazz porque es una música que ha evolucionado y evoluciona constantemente. Nosotros, los músicos, somos los críticos más intensos”, dijo Arenas. “Todos nuestros discos pasados fueron una representación en vivo de lo que estábamos haciendo en ese momento en el estudio. Pero con este disco decidimos tomarnos un poco más de tiempo y separar un poco la idea de una presentación en vivo para separarla del disco. Nos enfocamos más en la producción y en hacer algo de una manera más permanente”.

Agregó que en el proceso no dejó de sentirse una cuota de nostalgia debido a una evolución natural.

En ese sentido O’Leary destacó que la experiencia musical fue estimulante en el desarrollo del cuarto disco.

“Lo interesante de este proyecto es que nosotros quisimos tomar esta oportunidad para crear un álbum para escuchar los instrumentos, pero también para disfrutar la grabación en total”, dijo O’Leary.

Sobre los cambios y nuevas exigencias de la industria musical dentro y fuera de Tampa, Arenas comentó que este nuevo marco impone la necesidad de dar pasos hacia adelante.

“Nosotros estamos en una época de cambios en la industria musical y entonces creo que para nosotros es importante seguir evolucionando”, dijo Arenas, quien comparte la pasión por el jazz con la excelencia académica y la enseñanza.

“Los estudiantes siempre tienen oídos más afinados para esta nueva generación de música. Por eso siempre les pregunto qué están escuchando y qué medio utilizan. Eso nos da una visión dentro del mundo a medida que vamos madurando”, comentó Arenas. “Ellos están en un proceso de aprendizaje, pero te inspiran y no lo dejan a uno olvidarse por qué empezó a tocar música”.

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