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domingo, 19 mayo, 2019
Opiniones

Un sentido adiós al Club 15

“Cuando la gratitud es tan absoluta las palabras sobran”- Álvaro Mutis

Bien amigos, hubiera querido, debía haberlo hecho antes. Hubiera sido justo y necesario haberlo hecho. Pero bueno, a lo hecho pecho y a lo que pudiera y/o debiera haber hecho, lo único que puedo hacer es dar el pecho y salir por los caminos de bien; que no van lejos los de adelante si los de atrás corren bien.

Y, por supuesto, ya estará usted preguntándose por donde viene ahora Quevedo y es que hace unas semanas tuve un dolor profundo al recibir la comunicación informando que terminaba oficialmente sus labores el Club 15. Institución fundada originalmente para ayudar a un pequeño grupo de cubanos que cerca de Lakeland se entrenaban con el sueño de recuperar en combate, la libertad de Cuba.

Posteriormente, al quedar eliminada la posibilidad del regreso con las armas, aquellas damas que continuaban reuniéndose regularmente comenzaron a hacer una labor social de ayuda al necesitado.

Hemos podido encontrar un par de versiones que tienen ligeras diferencias; pero la base es real. En un documento se indica que la primera reunión tuvo lugar en la casa de la señora Amparo Martínez-Corpas, aunque hay quien indica que se habían ya reunido en otra ocasión y/o en casas distintas. Igualmente, la fecha original es virtualmente imposible de citar, ya que el paso de los años y una cierta fragilidad en la memoria no permiten hurgar esos detalles.

Tampoco es posible ofrecer una fecha cierta para la primera reunión de aquel grupo que enviaba ayuda a los cubanos que se entrenaban. Todo parece indicar que sería en el año 1962. Si sabemos que, en el año 1964, y por iniciativa de la socia Vitalia Bequer se bautiza el nombre Club 15 porque ella recordaba un club de Manzanillo, allá en su Oriente querido, conformado por 10 comerciantes y que había llevado por nombre Club 10. En 1970, se elige la primera directiva oficial y se incorpora legalmente como organización no lucrativa y el nombre de Club 15 Inc.

Y eso me lleva al yo personal (no al pero de Quevedo). Yo puedo hablar de la experiencia vivida en aquel tiempo. Era joven y enamorado. Era una casa enorme (o por lo menos así recuerdo) y de dos plantas en la calle Gladys cerca de la Florida Ave. y Columbus Dr. En el segundo piso viva la familia Cesari. Nino, Peluca, Mercy y Careta, la perrita que los acompañaba desde Cuba.

Allí iba el joven enamorado casi todas las noches a ‘tomar café’ y ver como andaba la situación. No era fácil en aquella época. Por supuesto, a las nueve, había que bajar la escalera al costado de la casa para que Careta hiciera sus necesidades y poner fin a la visita que, además, tenía un entretenimiento muy especial que hoy, más de medio siglo después, sigue clavado en la mente.

Era una campanita pequeña, pero con sonido atronador y que (según recuerdo), sonaba constantemente en la casa del primer piso donde se alojaba el matrimonio de Gaudencia (La Niña) González y se esposo. Allí recuerdo yo la presencia de aquellas damas que procuraban servir las necesidades existentes. Aquel sonido de la campanita –que debiera estar en bronce en un museo-, simbolizaba el ánimo de aquellas mujeres que siempre estaban prestas a extender la mano para servir al necesitado.

Hoy van quedando pocas de aquellas originales; pero a ellas hay –por obligación-, que rendir homenaje. Las otras, disfrutan ya de un aposento especial junto al Señor. Lo ganaron con su trabajo. A sus familiares y a toda la comunidad, tenemos la obligación de recordarles que fueron símbolo de lo bueno. Y eso, eso es mucho decir.

Queda la lista original de aquellas mujeres ejemplares que fueron socias fundadoras. Vitalia Bequer, Aurorita Martín, Amparito Martínez-Corpas, Cachita Bequer, Chin Rodríguez, María Julia Miranda. Bebita Leal, Flora Ordext, Cusita Tapia, María A. Méndez, María I. Paris, Chelo Arbesú, Gaudencia (La Niña) González, Eva Arocha y Mara Quintero.

Hoy queremos en estas breves y sentidas líneas, recordarlas a todas; al trabajo de quienes, como Henry Serrano pusieron su talento al servicio de los buenos. Aquellas portadas de la revista que sacaban cada año siempre fueron inolvidables. Fueron los comerciantes que nunca dijeron ‘no’ y al abrir sus bolsillos abrían sus corazones. Fueron ratos extraordinariamente agradables con la idea de servir al necesitado. Gracias al Club 15 y a sus socias.

 

Quevedo es un periodista cubano que reside en Tampa. Trabajó en radio, televisión y tuvo su propio periódico ‘La Voz Hispana’. Para comunicarse con Quevedo:

[email protected]

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