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lunes, 21 enero, 2019
Opiniones

La música y nuestra herencia hispana

La música es como un ingrediente profundo en el alma del ser humano. Nos trae recuerdos y nos hace vivir la realidad. Nos pone a soñar o a brincar a su ritmo. En fin, para mí la música es elemento esencial en la vida. Ah, y déjenme aclarar bien que no soy ni músico ni sé bailar. Los elementos esenciales del ritmo del que hablaba antes, a mí me fueron muy, pero muy limitados. Pero eso no me arrebata el sentido humano que el hombre ha sabido recibir desde que se escuchó el primer tambor.

Mi música es muy –demasiado- variada. Desde algunas ancestrales que tocan las cuerdas más profundas del alma errante, a aquellas clásicas de mi repertorio encabezadas por las del Maestro Ernesto Lecuona quien aquí en nuestro West Tampa, y regando con su extraordinario talento el restaurante Columbia en noches inolvidables, hizo su hogar al caer la maldita noche, o El Mambí, la inolvidable canción que tanto de la que tanto disfrutaba mi padre.

Son recuerdos del niño que –sin llegar a ser hombre todavía-, pudo sentir cómo su familia disfrutaba de aquella música que forjaba parte del alma de su pueblo. Aquellos boleros que con su melodía tentaban al amor. ¿Para qué nombrar a aquellos gigantes?. Desde el Benny hasta Blanca Rosa Gil o “El Trío Matamoros”. Fue música del carnaval con sus congas, comparsas y ritmos que retumbaban en lo más profundo del cuerpo. Fue una generación que con orgullo paseó la música cubana por toda nuestra América; de La Aragón a Fajardo y sus Estrellas. Fue la música que nos llevó a pasar –como decía otra canción (de Julio Iglesias)-, ‘De niña a mujer’; o en este caso, de niño a hombre.

Mi música es también la de mis padres que, al estilo del son cubano de la época y que posiblemente sacaron canas a los abuelos que todavía sentían que solo las danzas y contradanzas eran adecuadas. Esa música casi eterna que hace unos años resucitara con el Buena Vista Social Club o después el Cha Cha Chá.

Uno de los privilegios que los años pasados en esta ciudad de Tampa nos han ofrecido es el recordar una noche hace ya muchos, pero muchos años, cuando por primeva vez en nuestra ciudad se presentó Celia Cruz en aquel casi único centro capaz de albergar una multitud semejante; y que después paso a ser centro para fiestas gigantescas; el Armory en la calle Howard. Cuando Celia salió a cantar yo, como atravesado que siempre he sido, ni corto ni perezoso agarré una silla y simplemente me senté frente al escenario para disfrutar aquel sueño hecho realidad. Después de unos minutos ella, entre compás y compás, como que me llamó la atención indicándome que fuera a buscar a mi compañera para bailar y yo, como atravesado real, más bien me dije (que ella no me hubiera podido escuchar), yo vine a verla a usted y a disfrutar de su música y mientras pueda lo hago.

Celia representó lo mejor de una generación obligada a dejar su tierra y que con orgullo paseó la bandera por el mundo sin callar su dolor.

Después viene la música de mi generación. Esa que el sociólogo Rubén Rumbaut bautizó como la generación “1.5”; la generación “uno y medio” que él define como aquellos niños y jóvenes nacidos en Cuba pero que han hecho su vida aquí. Define la generación “1” a los padres que fueron parte del mundo “antes de la noche” y la generación “2”, aquellos nacidos y formados aquí. Y yo, que me veo parte de esa generación, recuerdo que como que no soy ni “chicha ni limoná”. Recuerda que en aquellos momentos vinimos con el sueño (la ilusión) del pronto regreso.

Pero bueno, volviendo al punto que nos ocupa hoy. Mi (nuestra) música; la que pasó a ser conocida como el “sonido de Miami”. El Grupo Alma, Chirino, Clouds, el Conjunto Impacto, Carlos Oliva y los Sobrinos del Juez, el Miami Sound Machine con Gloria Estefan, los Jóvenes del Hierro, Hansel y Raúl… y muchos más que no caben en este breve recuento. Y seguro que un día vamos a ocupar a Miguelito González para recordar a los que aquí en Tampa supieron amenizar noches inolvidables. Pero eso, para otro momento junto al Dúo Cabrisas Farach con la música eterna.

Hoy como que esa música de mi nostalgia desaparece como desaparecieron la danza y el danzón. Pero bueno, los recuerdos de los buenos tiempos siempre son saludables; especialmente cuando puedo decir “que me quiten lo bailao.

Quevedo es un periodista cubano que reside en Tampa. Trabajó en radio, televisión y tuvo su propio periódico: ‘La voz hispana’. Para comunicarse con Quevedo:[email protected]

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