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lunes, 22 julio, 2019
Opiniones

Cuba: La caída del telón de bagazo

LA HABANA -- Las 20,000 almas reunidas la media noche del 16 de diciembre en el Santuario del Rincón, al suroeste de La Habana, estaban ajenas al diálogo telefónico de esa tarde entre los mandatarios de Cuba y Estados Unidos. La misa de las doce de la noche, fue escuchada en ardoroso silencio por los devotos, y es probable que algunas de las ofrendas al San Lázaro de las muletas y los perros, tuvieran que ver con el país vecino o por lo menos con la migración hacia él.

Por eso, cuando al amanecer del segundo día más importante del santoral isleño, los cubanos recibieron la información de que Obama y Castro hablarían simultáneamente al filo del mediodía, la sorpresa y el estupor se adueñó de la capital y por extensión de todo el país.

El ciudadano común supo de la noticia cuando la televisora trasnacional Telesur la comunicó, mientras trasmitía las imágenes de la llegada de Alan Gross a la Base Andrews en Estados Unidos.

Sobre las 11 a.m. los medios de comunicación oficiales, anunciaron el discurso del General Presidente Raúl Castro Ruz y a las 12 en punto, “el hombre” se dirigió al público, enfundado en su viejo uniforme militar, desde su vetusta y oscura oficina donde no había fotos de su hermano, “el máximo líder”, leyendo las hojas que contenían sus dramáticas declaraciones.

Aunque su alocución fue trasmitida completa, nadie recuerda exactamente lo que dijo. Menos suerte corrió la del Presidente Obama, del que solo se vieron algunos extractos, dirigidos a dar la imagen de derrota de la política norteamericana. El regreso a Cuba de los tres espías presos, la liberación de Alan Gross y otros presos políticos, pero sobre todo el restablecimiento de las relaciones diplomáticas a nivel de embajada entre los dos estados eran las matrices que circulaban por las bodegas, taxis y guaguas.

Una centella caía sobre la ciudad.

Ni las más audaces previsiones sobre los acontecimientos se reponían del golpe, la sorpresa. Sin embargo algo era manifiesto entre la gente de la calle, y no referencia a las comparsitas de “espontanea alegría” de los jóvenes de la juventud comunista por el regreso de los tres espías.

Era la posibilidad real de un nuevo horizonte para a la nación cubana tras la caída del telón de bagazo, de la amenaza de nuestro vecino, siempre blandida por los comunistas para atenazar a la población como el cuento infantil ahí viene el lobo.

La cortina de bagazo

Como parte de la instauración de la dictadura comunista, cerrar el país a la influencia exterior y en especial de Estados Unidos, fue la primera tarea de los recién llegados gobernantes. Si para defenderse de la influencia occidental la Unión Soviética y sus satélites, levantaron el Telón de Acero, en el trópico, con tanta pachanga y choteo se levantó otra con tantos poros, que el humorista Marcos Behemaras, en su parodia “Salaciones de Reader Indigest” la llamó la “cortina de bagazo”.

De tal manera, la influencia norteamericana cultural, comercial y social, se mantuvo en el imaginario de los cubanos, muchos de los cuales se establecieron en esta tierra de hombres libres.

Un ejemplo de esa porosa cortina es la Sección de Intereses de los Estados Unidos (SINA) en La Habana.

La SINA, es la legación extranjera más grande en el país. Otorga no menos de 20,000 visas, y atiende a más 100,000 nacionales en un año. Es la que más personal nativo contrata para trabajos puntuales, además de más personal de cancillería utiliza, para poder estar al día en su trabajo. De ahí que los entendidos afirman que la “reanudación” de las relaciones diplomáticas a nivel de embajada, es solo la confirmación de una práctica.

No obstante, subir el nivel de la legación es un buen momento para los que en la isla apuntan a la transición, pues mejora los mecanismos negociadores entre los gobiernos y da la posibilidad de crear nuevos sistemas que contribuyan al desarrollo de los derechos cívicos y humanos -- uno de los puntales de la política norteamericana. Y la media de los cubanos apunta en esa dirección.

Orlando Figueredo, un activista cívico de la capital, se muestra complacido con el anuncio del restablecimiento de las relaciones diplomáticas.

Para él, este episodio crea un antes y un después en la historia nacional, pues aunque todos piensan que Estados Unidos fue el que hizo la gran concesión, en la realidad es el gobierno cubano, el que deja atrás la vieja retórica confrontacional.

Además demuestra nuevamente la división dentro de la cúpula gobernante. Raúl Castro, en su intervención pública tuvo que manejar toda la retórica conservadora, para reconocer que ya los yanquis no son imperialistas, que ahora, son compañeros.

El guantanamero Regino Botti III, psiquiatra, escritor y albacea de la obra poética y literaria de su abuelo es menos optimista. Cierto, nos dice, que esta decisión de las partes crea un precedente importante para el actual gobierno. Sin embargo, la exclusión del tema de la Base Naval de Guantánamo, habla de la debilidad del gobierno cubano, que solo se puede concentrar en el regreso de sus “tres hombres que estaban presos en los Estados Unidos”.

Para obtener una victoria necesaria ante la opinión pública nacional, que ya está facturando al gobierno sus ocho años sin avances notables en la mejora del nivel de vida. También es el reconocimiento de que Alan Gross, era un rehén, como antes lo fueron los 75 presos de la Primavera Negra de marzo del 2003.

Sin embargo en la oriental ciudad de Bayamo, la septuagenaria y fidelista Margarita Morales, es más conservadora.

Para ella el restablecimiento de las relaciones con el vecino, es solo la muestra de la sagacidad del “Presidente Raúl”, que no nos hará olvidar los muertos causados por la agresión imperialista y la mafia de Miami”.

El paso dado por Raúl, señala la señora Morales, indica la fortaleza de la revolución, y que se van cumpliendo los lineamientos del partido (comunista). El regreso de nuestros héroes, que sufrieron tanto en las cárceles norteamericanas, es la vigencia de la frase de Fidel (Castro) cuando dijo: Volverán.

Encontradas opiniones para una sociedad polarizada gracias a su pobreza y al control de los medios de comunicación por el Estado, y que un acto diplomático de alto nivel, solo ayuda a encender las pasiones. Mientras, arde presuroso el bagazo de una cortina que durante cincuenta años dividió a dos pueblos que estaban tan cerca y a la vez tan lejos.

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