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lunes, 21 enero, 2019
NOTICIAS LOCALES

Venezuela, donde el salario básico mensual solo alcanza para una lata de atún

El régimen de Maduro tenía sus cálculos claros. Montaron la farsa electoral en mayo porque todos indicaba que el ritmo demoledor de la hiperinflación sería un aluvión de muerte, tragedia y destrucción de la calidad de vida de los venezolanos, al culminar el primer semestre de 2018. Y así fue.

Algunas fuentes revelan a este cronista que el ‘castro-madurismo’ no sabe qué hacer con el marasmo económico que la "revolución" generó.

Sobre la mesa están las cartas de un giro que daría al traste con las ideas del fallecido Hugo Chávez, precursor del modelo expropiador y estatizador que convirtió al país más rico de Latinoamérica en tierra de miserables: sin agua, sin luz, sin transporte, sin comida y sin medicinas.

Todos los inventarios en el país están en cero, pero también ese 28 % que antes de las elecciones fraudulentas de mayo creían en la tesis infame de la guerra económica. Si Maduro logra permanecer en el Palacio de Miraflores hasta diciembre, con la estruendosa tragedia económica y la crisis humanitaria que padecerán con más fuerza los venezolanos en el segundo semestre de 2018, es bastante probable que la narco dictadura se eternice por décadas como sus homólogos antillanos.

En las últimas semanas arreciaron las campanas de manipulación para endosar a la "guerra económica" el colapso. Todos los sondeos manejados por el G-2 cubano, indican que pocos creen en la infamia de que el país muere de hambre y por falta de medicinas por culpa de factores externos.

Maduro aniquiló a la dirigencia opositora, invirtió todo su capital represivo y político para lograrlo, pero ni en su gabinete de ministros reciclados, ni en sus asesores externos se vislumbra una salida al colapso económico, financiero y fiscal que no pase por la privatización de empresas expropiadas (todas quebradas), la dolarización y un esquema de ajustes con sabor a Fondo Monetario Internacional.

Los informes sobre el desvalijamiento de Petróleos de Venezuela son aterradores. El país se apaga rápidamente porque las empresas eléctricas también han sido saqueadas. Los trabajadores de empresas que fueron estatizadas están en la calle, reclamando salarios justos, dejando claro que la gerencia revolucionaria arrasó con las unidades productivas que le fueron encomendadas.

Donde había toneladas de producción de cemento no queda ni el polvo, donde había toneladas de acero y aluminio no quedan ni las virutas, donde había ganado y hectáreas de sembradíos es tierra arrasada.

El sector salud y educativo ha protagonizado centenares de protestas que muy pocos medios de comunicación reseñan. 30 periódicos han dejado de circular en lo que va de año por falta de papel, los medios audiovisuales están sentenciados a ser cerrados, si asoman la verdad de las calles.

Mientras un profesor universitario y un médico ganan $3 al mes en promedio, el dictador venezolano aumentó a $80 el salario a los militares. Ese anunció airó más a los profesionales del país condenados al hambre. Un salario básico al mes apenas alcanza para una lata de atún.

Un día en la vida de un venezolano es una suerte de infierno personal para procurarse cualquier actividad cotidiana, normal, civilizada. Sólo quienes viven muy cerca de la órbita de corrupción del gobierno pueden llevar una vida "normal", aunque cada vez más en las sombras, en el filo del desprecio. Sobreviven escondidos en las cañerías del país.

La revolución castro chavista llevó al país más próspero de la región a la indigencia. Los autobuses desaparecen y ahora la gente se conforma con movilizarse en camiones para transportar ganado. Y lo peor, con cierto consentimiento de las autoridades nacionales. Más de 40 muertos en las últimas semanas debido a lesiones por caídas desde estas destartaladas unidades.

La propuesta de eliminar 3 ceros a la moneda es otro factor de profunda desesperación para el régimen, porque todo avizora que pondrán un pie muy pesado en el acelerador a la hiperinflación, además de toda la anarquía monetaria y cambiaria que surgirá con el nuevo cono monetario.

Si la cotidianidad para los venezolanos es un infierno, la reconversión monetaria generará en el actual esquema cambiario un peor clima, que los verdaderos gobernantes de Venezuela en Cuba están tratando de posponer.

Entre junio y julio aumentó exponencialmente la tasa de mortalidad infantil por desnutrición. Los médicos en protesta han referido que de cada 10 neonatos en el país caribeño, 4 están en peligro de morir el primer año por falta de fórmulas nutricionales.

Para el inicio del próximo periodo escolar, que inicia en octubre, se estima la más alta deserción escolar en la historia republicana de Venezuela.

Maduro recibe presiones internas, de las bandas que lo manejan, para dar un giro a la economía que permita posponer la agonía o por lo menos maquillarla. La realidad se impone: el país se desmorona cada segundo y las excusas de la guerra económica son risibles hasta para quien tiene al fallecido Hugo Chávez en los altares.

Factores de base del chavismo recuerdan con insistencia al dictador venezolano que llamó a la conformación de una Asamblea Nacional Constituyente como una forma de institucionalizar la diversificación de la economía. Obviamente, el saldo es una instancia que solo ha servido para perseguir a la disidencia.

Para quienes preguntan si es posible que Venezuela siga en caída libre en todas sus tangentes, lamentablemente debo asegurar que lo que viene es más dolor, más escasez, más muerte y más humillación. Estructuralmente no está pasando nada para que exista un cambio de rumbo. De Maduro y su banda, se ocupará la historia. Es solo cuestión de tiempo. Fernando Martínez es un periodista venezolano.

 

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