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lunes, 16 septiembre, 2019
COLUMNAS

Nadie me va a convencer que el régimen cubano no es un sistema criminal

Bueno amigos, después de unas semanas en las que me he encontrado con catástrofes en la computadora, desastre en el techo de la casa, un golpe doloroso, pero sin consecuencia en un brazo y un proceso de una cierta alteración por lo que percibo como un clima público un poco exaltado (aunque esto puede ser solo una divagación mental), regreso a tratar de buscar un poco de sanidad mental en este no fácil empeño de palabrear con mis amigos-aliados lectores.

Todo esto me lleva a buscar una frase de un filósofo y poeta alemán que me viene a la mente y, por supuesto, tengo que escudriñar para poder determinar si es lo que necesito. A veces uno recuerda el concepto y la computadora resuelve los detalles.

Pero bueno, ese alemán al que me refería, Friedrich Nietzsche, nos dice en dos ocasiones cómo se debe enfrentar este tipo de eventos. El aforismo 8 del Ocaso de los Ídolos, nos dice: “De la escuela de la vida. -Lo que no me mata, me hace más fuerte.” En Camagüey decíamos: “Lo que no mata engorda”. También el aforismo 2 del mismo autor en la misma obra nos dice: “Lo que no me mata me hace más fuerte”, con la misma traducción camagüeyana.

Y después de esta ya larga y casi compleja introducción de la que sí quiero aclarar que ni me considero ni quiero que nadie piense que me considero tan filósofo como para todo esto; nada, tonterías del tercer elefantico, quiero entrar en lo que hoy me trae al trabajo de las teclas.

Hay momentos en que me parece como que el respeto del -o al- anticuario (vejestorio) como que se pierde. El respeto a la opinión del prójimo. Respeto a la forma de pensar de los demás. Respeto en la forma de expresarnos. Respeto en el modo de formular nuestra opinión a veces un poco belicista. A lo mejor, un poco de consideración, deferencia, tolerancia, cortesía, compostura, o como usted quiera llamarle o etiquetar.

Es verdad que vivimos en un mundo donde la multiplicidad de los medios de comunicación nos lleva a facilitar enormemente esa expresión que a veces se convierte en una brusquedad. Parece como que el tiempo de poder hablar tranquilo y considerar la posible opinión del prójimo ha desaparecido. Mientras pienses y te expreses como yo considero adecuado esta todo bien; pero si no, parecemos dispuestos a pelear por casi cualquier cosa. A veces, exaltados o intransigentes.

Y esto, amigo mío, conforma una de las razones por las cuales yo vivo y quiero vivir aquí y no en Cuba, donde opinar distinto (y mucho menos exteriorizar esa opinión), conlleva el castigo de las autoridades. Ese derecho a expresarme libremente, pero (el pero de Quevedo) con respeto es una de las bases de nuestra sociedad y, para muchos como yo, la principal.

Yo respeto la forma de pensar de los demás, sobre todo en su inscripción política. Republicano o demócrata. Algunos de mis héroes han sido los expresidentes republicanos George H.W. Bush y Ronald Reagan. Por otra parte, a nivel local, siempre he trabajado arduamente por demócratas que han servido a nuestra comunidad en momentos difíciles. Sería largo mencionarlos a todos, baste con señalar nuestro último alcalde Bob Buckhorn, del que me he considerado amigo personal y de respeto por su posición con respecto a Cuba, pero no dejo de señalar que también he precisado mi distanciamiento profundo de nuestra congresista (también demócrata) y que se pasea por La Habana ignorando el sufrimiento del pueblo cubano.

Yo prefiero hacer mis propias decisiones tomando en cuenta mi consciencia, mi familia, la última palabra que siempre tiene mi esposa y la nunca bien celebrada directora de esta publicación que me permite amablemente entrar en todos estos disparates.

Pero bueno ese soy yo y, por supuesto, no puedo esperar que todos sean como yo. Ya lo dije, para eso, Cuba. Si puedo confiar en mantener un tono que yo consideraría más adecuado. Con valores del pasado con locuras que, a veces, el cuerdo desea. A lo mejor con un poco más de prudencia, aunque siempre-siempre- defendiendo a capa y espada lo que consideremos honesto y correcto. Nadie me va a convencer que el régimen cubano no es un sistema criminal. Nadie me va a llevar a decir algo distinto.

Solo me queda finalizar con otra frase que ya creo haber utilizado anteriormente, pero que tengo cincelada en mi mente. Esta de ese español filósofo y ensayista José Ortega y Gasset: “Yo soy yo y mis circunstancias”. No quiero ser de esos enumeradores de pesares que olvidan sus alegrías que son las que nos dan la razón de vivir.

Quevedo es periodista cubano. Trabajó en radio, televisión y tuvo su propio periódico ‘La Voz Hispana’. Para comunicarse con Quevedo: marioquevedo1@aol.com

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