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lunes, 22 julio, 2019
COLUMNAS

El viejo de la guadaña

Bueno, y ya acaba un año más de una como larga vida. El viejo de la guadaña, con su reloj de arena vacío, da paso al año nuevo, en pañales, cargado de buenas intenciones y una fortaleza que nos ilumina el futuro.

Es bueno también recordar algo de la historia de esta celebración del Año Nuevo, el primero de enero, ya que no es una tradición milenaria como a veces queremos creer. Fue el Papa Gregorio XIII quien lo dispuso en 1582 para todos los países católicos, al inaugurar el calendario en vigencia, que sustituyó al Juliano.

Hoy nos toca recapacitar sobre ese año viejo y el futuro que se nos avecina. ¿Hemos sido fieles con los sueños que tenía? ¿o se han retrasado, aunque no olvidados? Es hora de sembrar nuevos y honrados propósitos (a ver si los alcanzamos) y señalarnos algunas metas para ver si las logramos.

Todos podemos encontrar algo; poco o mucho, que hemos cumplido. Alegrías y tristezas por lo que, a lo mejor, no habíamos imaginado que pudiéramos o tendríamos que enfrentar. Amigos que ya no están para compartir. Amigos que han llegado para facilitarnos el vivir. En fin, el andar diario de la vida que no se detiene.

También podemos encontrar lo que se nos ha quedado en el tintero y que redoblamos con el compromiso para este Año Nuevo. Siempre, siempre, podemos, debemos y tenemos hasta la obligación de aspirar a ser mejores. Mejores en la familia, en el trabajo, en la sociedad en la que vivimos. Mejores en nuestra visión de futuro. Las metas tienen que servir de estímulo que nos den la pasión necesaria para alcanzar esos encargos que nosotros mismos nos imponemos.

Tenemos la esperanza de llegar a hacer reales todas esas promesas que nos hacemos para llegar a un futuro renovado y lleno de bienestar. No es un camino fácil. A veces esa carga de promesas que nos hacemos con buenos propósitos y sueños se hace algo inquietante, aunque nos mantiene vivos con la esperanza de reafirmar nuestra esencia de ser humano que aspira a ser lo mejor posible con esperanza de un futuro siempre excelente para todo su entorno.

Podemos, a lo mejor, hacer un recuento de lo que hace ya un año nos proyectamos. Ver cómo llegamos a cumplir con algunas de las esperanzas o metas que nos habíamos planteado o ver el por qué no logramos aquel sueño. Lo importante es haber disfrutado de la vida, de los seres amados, de haber soñado como niños y haber disfrutado –a plenitud- de todos y cada uno de los días pasados.

El ser humano se conforma con cosas y hechos sencillos y, si les prestamos atención, estos son los que nos hacen la vida disfrutable y valiosa. Una vida llena de esperanza y buena voluntad es algo a lo que podemos y debemos aspirar.

Tenemos que enfrentar ese futuro con actitud positiva, con esperanza, propósitos y los sueños que se mantienen vivos con el deseo de poner en acción y realizar lo que deseamos para alcanzar el bienestar de nuestra propia esencia y poder definir nuestra historia.

Ver la vida con felicidad y poder disfrutarla con la familia y olvidar las tristezas. Siendo sencillos demostramos ser realmente valiosos. Y ese es un atributo gigante para todo el ser humano que espera imaginar ese futuro real.

Como el buen pastor que siempre busca los mejores prados para sus ovejas, nosotros, como hombres y mujeres de bien, siempre tenemos la obligación de buscar el futuro más transparente para poder tratar de alcanzar esa promesa del Año Nuevo.

En la celebración de la Nochevieja, junto a las doce uvas y la quema del muñecote que representa el Año Viejo, el alboroto y la algarabía, lanzando un cubo (o por lo menos un vaso) de agua a la calle para limpiar lo malo y prepararnos a que llegue lo bueno, esperamos el Año Nuevo con un fuerte abrazo y un beso a los esposos y seres queridos al desearles un Feliz Año Nuevo.

Lo único que hoy podemos y queremos desearles a todos nuestros amables lectores, es eso mismo, esperando que sus deseos y sueños se conviertan en realidad.

Quevedo es un periodista cubano que reside en Tampa. Trabajó en radio, televisión y tuvo su propio periódico ‘La Voz Hispana’. Para comunicarse con Quevedo:

marioquevedo1@aol.com

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