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lunes, 22 abril, 2019
NOTICIAS LOCALES

La fórmula del éxito

TAMPA - Jorge Astorquiza puede trabajar más de ocho horas al día en su laboratorio de Tampa sin darse cuenta de que ha pasado la jornada entera sin almorzar. Es la pasión y el empeño que le dedica a su trabajo diario lo que hace que muchas veces pierda la noción del tiempo y esté dando siempre un paso más adelante que los demás.
 
“Mi trabajo es más que eso, es una pasión, un hobby que disfruto minuto a minuto”, dijo Astorquiza en una entrevista con CENTRO Tampa. “No hay nada más importante en la vida que la familia y esta profesión, que me ha dado muchas satisfacciones”.
 
Astorquiza salió de Cuba en la década de los 50 cuando no tenía más de 19 años. Llegó a Estados Unidos con su familia y se estableció en Union City, Nueva Jersey, justamente cuando la isla comenzaba a experimentar una ola de turbulencias políticas y demandas populares que cambiarían definitivamente el futuro de esa nación caribeña.
 
“Después de 1962 ya no regresé a Cuba. Toda la familia inmediata está aquí, es decir, mi esposa e hijos”, explicó Astorquiza. “Llegamos sin dinero y empezamos como pudimos. Lo importante es que nunca dejé la mentalidad de ser un profesional y hacer negocios, aunque la primera necesidad era el sustento”.
 
Astorquiza tuvo que hacer de todo un poco: fue repartidor de periódicos, empleado en una fábrica de ropa, vendedor de máquinas de coser y especialista en “prevención de accidentes” en una compañía de seguros. Pero lo cierto es que nunca perdió las ganas de construir un mejor futuro para él y su familia.
 
“Al final, mi trabajo en la compañía de seguros me permitió tener un horario más flexible y continuar con mis estudios de química, una profesión que siempre admiré”, explicó Astorquiza. “Pero aprendí que cuando la necesidad impera hay que trabajar en lo que sea. No hay un después, solo una necesidad de seguir adelante”.
 
Casado y con tres hijos, Astorquiza decidió dejar Nueva Jersey y mudarse a Tampa con su esposa María Teresa. El clima de Florida y mejores oportunidades de trabajo fueron suficientes incentivos para el cambio e iniciar un nuevo capítulo.
 
En Tampa, Astorquiza consolidó una línea de saborizantes, sazonadores, mojos y jugos bajo la marca Batey. Era el año 1974. Una década después, la empresa fue vendida exitosamente a la corporación Bacardí.
 
 “Empezamos basándonos en lo que se vendía más rápido. La comunidad cubana era muy fuerte en Nueva York y Florida. Por lo tanto, la naranja agria y el mojo criollo tenían un alto consumo”, dijo Astorquiza. “Ambos los inventé yo y los embotellé hasta que pasaron a Bacardí, en 1984”.
 
La venta abrió las puertas a la creación de Flayco, su actual empresa que al inicio era otra iniciativa de largo alcance. Esta empresa le permitió a Astorquiza y su familia continuar en los negocios y ganar un nombre propio dentro y fuera de Estados Unidos, incluyendo países como Colombia y República Dominicana.
 
Astorquiza se enfocó en productos naturales para el cuidado personal y el tratamiento de dolores musculares, calambres e inflamaciones, entre otros. En esa línea, surgió Asteeza, una crema cuya preparación demandó una investigación de cinco años y obligó que Astorquiza iniciase un largo viaje hacia diferentes países, como Brasil, Egipto y Ecuador. El objetivo fue conocer, de primera mano, los secretos de la medicina natural.
 
“Esta crema no se hizo por una necesidad del mercado, sino que nació para resolver una situación familiar porque el esposo de mi hija había sufrido una lesión muy seria en la pierna y quería ayudarlo a que se recuperase totalmente”, dijo Astorquiza. “Al final, lo logramos. Fue un desarrollo importantísimo y la coronación de mi carrera”.
 
Astorquiza es un hombre de mente abierta que disfruta de una conversación inteligente y respeta la pluralidad de ideas. Sin embargo, cuando se trata de hablar sobre sus equipos de laboratorio y la posibilidad de que una persona ajena a su entorno pueda conocer sus instalaciones, el secreto y celo profesional de Astorquiza se imponen con firmeza.
 
“Soy muy reservado en cuanto a los diseños de mis instrumentos”, dijo Astorquiza. “Incluso cuando hay que mandar a hacer uno nuevo equipo, generalmente ordeno que se haga en partes y en diferentes compañías”.
 
La jubilación o el retiro no están en sus planes. Tampoco se ha puesto a pensar en la posibilidad de disminuir sus horas de trabajo.
 
“Vengo aquí hasta con una pierna partida. ¿Por qué? Porque esto es mi alimento de mi vida”, explicó Astorquiza. “El reto es el motor de mi vida y por eso estoy haciendo continuamente diferentes fórmulas. Soy un firme creyente de que todo en esta vida se puede mejorar”.
 
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