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miércoles, 13 diciembre, 2017
NOTICIAS LOCALES

La misión humanitaria del ‘chef’ Soto

Por Juan Carlos Chávez, CENTRO Tampa / TAMPA-- Luis Soto no tenía más de 17 años cuando empezó a tener algunas diferencias con su padre. Por aquel entonces Soto vivía en su natal Venezuela sin la necesidad de tener que pensar en su futuro y con todas las comodidades que podía gozar una familia de clase media alta de fines de la década de los ochentas, en Caracas.

“Todo lo tuve muy fácil. Lo que pedía, me lo daban”, recordó Soto. “Pero estaba perdiendo mi tiempo. No hacía nada y era pura fiesta. No estaba yendo a ningún lado”.

La efervescencia de esa juventud errática lo llevó a tomar más de una decisión equivocada. Soto dejó la casa de sus padres cuando no había alcanzado la mayoría de edad. Abusó también de las drogas y se juntó con amigos que no eran los más indicados. Su padre, temeroso de lo que pudiese ocurrirle a su hijo, lo mandó a vivir a Nueva York para que estudiase y encontrase un empleo que enfoque de nuevo su atención.

Para Soto, de 45 años, la decisión de su padre fue acertada, ya que tres décadas más tarde no solo halló un rumbo en la vida como cocinero profesional y administrador de servicios de comida. También se especializó en trabajar con organizaciones comunitarias que ayudan a los desposeídos y sin hogar, como Metropolitan Ministries, en Tampa.

En esta organización no gubernamental y sin fines de lucro, Soto es ahora el director de Servicio de Alimentos, un departamento que tiene la responsabilidad de preparar cientos de platos (desayuno, almuerzo y comida) y ofrecerlos a personas sin recursos y sus familias.

Llegar a este nivel representó para Soto una lucha de vida que puso a prueba su consistencia, temperamento y aspiraciones en un país que, al inicio, recordó que le era totalmente ajeno.

“Al principio no sabía ni hablar el inglés”, dijo Soto.

Sin embargo, Soto comprendió que el éxito dependía también del arrojo y las ganas de salir adelante. Así, logró entrar y trabajar en una compañía vinculada a Hofstra University, una prestigiosa institución neoyorquina. La compañía preparaba los almuerzos y las comidas de miles de estudiantes y empleados universitarios. La experiencia fue oportuna.

“Comencé pelando papas. Hice cosas que nunca pensé que iba hacer en la vida”, dijo Soto. “Pero mi deseo de superarme bajo estas condiciones me hizo madurar y cambiar de ideas”.

Poco a poco Soto fue escalando posiciones, alentado por sus destrezas y los buenos consejos de personas amigas que no solo se identificaron con sus deseos de superación sino también con su deseo de hacer algo productivo con su vida.

“Una de esas buenas personas con las que me encontré en este país me dijo que todo lo que decidiese hacer, tenía que hacerlo bien. Debía ser el mejor”, explicó Soto. “Eso nunca se me olvidó”.

Soto pasó de lavaplatos y ayudante de cocina a ser cocinero general. Posteriormente fue ascendido para administrar las operaciones gastronómicas de la compañía para la que trabajaba en Nueva York y dirigir sus planes de acción a escala local.

Posteriormente Soto encontró, en Orlando, una nueva oportunidad en la industria en la que se había especializado. Se mudó a Florida y alquiló una casa para su familia.

“Me vine desde Nueva York manejando y con muchas expectativas”, dijo Soto.

Con todas las de ganar, su destino dio un giro imprevisto y, en cuestión de meses, la crisis del 2008 le pasó factura. Soto perdió su empleo y todos los ahorros que había logrado reunir en sus años de trabajo en Nueva York.

Casi en la miseria, sin ofertas de trabajo y sin muchas personas a quien recurrir, Soto se topó nuevamente con una prueba más de superación. Aunque esta vez con la responsabilidad de cuidar de una esposa joven y alimentar a sus dos hijos pequeños.

“Sentía que se me acababa el mundo. Nunca había pasado por esa experiencia”, dijo Soto. “Me tocó duro porque estuve más de dos años sin un trabajo estable”.

En su desesperación, Soto montó un negocio para cortar césped y, aunque la gente no le pagaba a tiempo, recordó que lograron sobrevivir con lo poco que ganaba.

Y fue durante uno de esos días que no aparentan tener nada de particular, cuando Soto encontró un pequeño aviso de empleo en el sitio electrónico Craigslist. El aviso pedía un cocinero.

Sin pensarlo dos veces Soto respondió al llamado y presentó su currículum a la gente que buscaba cubrir la posición. Esa gente era nada menos que la directiva del Metropolitan Ministries.

El puesto ciertamente era algo muy parecido a empezar desde cero en la cocina, pero a Soto -padre de familia, esposo e inmigrante venezolano- realmente no le importó.

Su deseo era volver a trabajar y sentirse productivo.

“Eso fue hace ochos años y medio”, dijo Soto. “Y aquí me ves. Muy contento y satisfecho con la misión que tenemos”.

Soto entiende que su trabajo es distinto y que lleva un fuerte propósito y sentido humanitario. Esa realidad la contrastó con su propia experiencia de vida.

“Yo me vi sin nada y dependí en algún momento de la ayuda de los demás”, manifestó Soto. “Uno piensa que está mal cuando las cosas no andan bien, pero siempre hay alguien que está peor que uno”.

En Metropolitan Ministries, Soto comprendió el alcance de la entidad y rol en la ciudadanía. Ahora su empeño y profesionalismo le han permitido ascender y alcanzar un puesto directivo.

Bajo el paraguas de su liderazgo, Soto supervisa la preparación de cientos de porciones de desayunos, almuerzos y comidas que se ofrecen a personas sin techo y de escasos recursos. También se ocupa y toma el pulso de las operaciones que generan recursos y le sirven al Metropolitan Ministries para solventar sus gastos y misión social.

“Es una responsabilidad muy grande que ha ido creciendo en ocho años y desde que estoy aquí”, dijo Soto.

Su rostro de satisfacción expresa más de lo que pueden decir las palabras. Soto siente que trabaja por una sociedad mejor y más equilibrada. También está seguro de que las segundas oportunidades realmente existen.

“Este trabajo es apasionante y todo depende de lo que se requiera”, agregó Soto.

Kristiana Eckelberg, chef en el área de postres del Metropolitan Ministries, dijo que el trabajo y la misión de Soto requieren un compromiso adicional y verdadero.

“Luis siempre está disponible para ayudar a todos”, precisó Eckelberg. “No hay nadie que pueda entender mejor este trabajo como lo hace él”.

Bajo la dirección de Soto, Metropolitan Ministries sirve al menos 2,000 platos de comida al día. La mano caritativa también toca a las familias que viven temporalmente en los apartamentos multifamiliares de la organización.

Francy Argüello, administradora de servicios en Metropolitan Ministries, resaltó el nivel profesional de Soto así como su sentido de compañerismo y buena disposición para el trabajo.

“Es un orgullo trabajar con él y apoyar la misión del Metropolitan”, dijo Argüello.

En esta época del calendario, las fiestas de fin de año y las celebraciones por el Día de Acción de Gracias exigen una cuota mayor de empeño, ya que se deben preparar más porciones de lo normal.

Soto dijo que se sirven aproximadamente 5,000 porciones durante las festividades y que el alcance del programa toma fuerza con la colaboración de una veintena de iglesias que reciben la comida y la reparten entre los necesitados de su sector.

Todas las operaciones de servicio humanitario, en su conjunto, tienen un efecto particular en Soto y su visión de la vida.

“Este no es un trabajo más porque uno está ayudando a muchísimas personas”, dijo Soto. “Aquí no se trata del dinero sino entender que hay un concepto de ayudar a las personas”.

Gente del común como esa familia con dos hijos pequeños que llevaban dos días sin probar un plato de comida caliente. Como esa joven que, arrinconada por las drogas, se vio en la calle, sola y sin amigos. Como esa madre soltera que debió abandonar el hogar junto con su hija para escapar de una situa ción de abuso doméstico.

Experiencias que reafirman el destino que ha tomado la vida de Soto.

“Yo me vi en una situación difícil, pero hay gente que la pasa peor que uno”, dijo Soto. “La realidad de muchas de estas personas es fuerte. Por eso tenemos una tarea diaria con ellos”.

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