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lunes, 25 septiembre, 2017
NOTICIAS LOCALES

‘El sueño americano está vivo y está bien’

RIVERVIEW -- Camila, de tan solo un mes de nacida, descansaba en los brazos de su abuelo y sostenía con su frágil mano una pequeña bandera de Estados Unidos. Su madre Diana Valdez estaba siendo en ese momento juramentada como nueva ciudadana estadounidense.

Valdez, de 23 años, fue una de las 59 mujeres que prestaron juramento el pasado 10 de marzo, en las instalaciones de la Facultad de Derecho Cooley de Western Michigan University (WMU-Cooley), en Riverview.

“Me llena de alegría saber que puedo darles una mejor oportunidad a mis padres y traer a mi madre conmigo y ayudar a mi papá”, dijo Valdez, originaria de Perú. Explicó que llegó a Estados Unidos hace seis años. Tiene tres hijos, de 4 años, 2 años y la pequeña Camila.

Sus metas son también lograr su desarrollo personal.

“Me gustaría (poder) contribuir al país, me gustaría defender al país, me gustaría seguir creciendo como persona y tener más oportunidades”, aseguró Valdez.

Esta fue una ceremonia solo para mujeres por conmemorarse en marzo el Mes de la Historia de la Mujer. Las juramentadas por el Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS, por sus siglas en inglés) emigraron de los 27 países siguientes: Colombia, Cuba, Guatemala, Honduras, República Dominicana, México, Panamá, Perú, Venezuela, Albania, Barbados, Bosnia-Herzegovina, República Popular China, Alemania, Haití, Islandia, India, Jamaica, Jordania, Liberia, Filipinas, Rumanía, Rusia, Reino Unido, Vietnam, Yugoslavia y Zambia.

Leslie Meeker, directora de la Oficina de Campo de USCIS en Tampa, administró el Juramento de Lealtad, el cual según oficiales de esa agencia, se ha recitado por más 220 años.

Con los derechos como nuevas ciudadanas también hay responsabilidades. El Decano Asociado de WMU-Cooley, Ronald Sutton, en su discurso de felicitación se refirió a lo que se espera de ellas.

“Tienen todas las responsabilidades de un ciudadano y todas las oportunidades de un ciudadano, y esperamos que cumplan ambas”, afirmó Sutton. Les pidió además de que no olviden sus raíces.

La interpretación del Himno Nacional de Estados Unidos y de la canción God Bless America llenó de emoción la sala.

Karen Matute, de 26 años, es de Honduras y vive en EEUU desde hace 10 años. Su logro se lo dedicó a su madre.

“Prácticamente para mí es un sueño hecho realidad, se lo debo todo a mi madre, ella se esforzó demasiado; desafortunadamente ella no está conmigo”, dijo Matute. Su madre falleció en 2007.

Matute trabaja en un restaurante y tiene varias metas: “Traer alguna de mi familia para acá, tener mi casa…estudiar”, afirmó Matute. Está comprometida y en octubre próximo contraerá matrimonio.

Claudia Luna, de 45 años, es de Colombia y llegó acompañada de su esposo Orlando Pineda, de 61 años y su hija Juliana Pineda, de 21 años. Reside en EEUU hace cinco años y su deseo es llegar a ser maestra.

“Me alegro de que ella esté aquí y que finalmente ya se hizo ciudadana”, expresó su hija. “Es muy lindo verlos aquí felices”, afirmó acerca de sus padres.

Frente a bandera de EEUU, Evelia Reyero del Olmo, de 62 años, se fotografiaba junto con su esposo Alfredo Fillor. Ambos estaban felices.

“Es algo muy emocionante haber logrado la ciudadanía, siempre lo quise”, dijo Reyero del Olmo, de Cuba. Indicó que llegó a este país hace 20 años.

“Siento que logré para mi familia algo para inspirarlos a ellos, que me han dado tanto y siento que les debía esto”, manifestó Reyero del Olmo.

Comentó que la parte más difícil del proceso fue aprender inglés y la trayectoria política del Gobierno.

Le acompañaban también sus hijos Carlos Pérez Reyero, de 36 años y su hija Aglay Pérez Reyero, de 39 años.

“Siento un orgullo y me da alegría de que ella ahora tenga todos los derechos que se merece después de 20 años de haber tenido que trabajar fuerte, mi mamá; tiene una voz ahora en este país”, dijo su hijo, que es un piloto.

“Somos tres grandes ejemplos de que los inmigrantes bajo sacrificio y esfuerzo podemos salir adelante en un país tan grandioso como este”, afirmó su hija quien es asistente dental.

Otra de las juramentadas fue la venezolana Luisana Behrens, de 30 años. Por más de 15 años ha vivido en este país y es maestra de kínder,

Behrens opinó que la ceremonia había sido muy emocionante y un orgullo.

“Pensé en el sacrificio de mis padres por emigrar acá y traerme acá”, dijo la madre de dos niños, Santiago, de 6 años, y Diego, de 1 año. Mencionó que espera poder contribuir con este país. “Estoy feliz de ver a mi nieta ya hecha una norteamericana”, agregó Elizabeth Salazar.

Craig Latimer, supervisor de Elecciones del Condado de Hillsborough, hizo la invitación para que las nuevas ciudadanas estadounidenses se inscribieran allí mismo para poder votar.

USCIS informó que, en el Año Fiscal 2016, se han naturalizado aproximadamente 750,000 personas a nivel nacional.

Ana Luna, de República Dominicana y estudiante de leyes en WMU-Cooley, agradeció en nombre de la universidad la oportunidad de llegar a ser anfitriones de la ceremonia.

“Estamos es un país de oportunidades, nunca se detengan hasta que alcancen sus metas y sueños”, expresó Luna. “Sea lo que sea, educación, un mejor empleo, una casa, adelante, ustedes pueden lograrlo”.

Dionnie Wynter Pfunde, abogada y directora de WMU-Cooley en el área de la Bahía de Tampa, se refirió en su discurso a los sacrificios que hacen las familias cuando emigran.

Wynter relató cómo en 1987 sus padres debían decidir quién emigraba para buscar un futuro mejor para sus siete hijos. Ella tenía 13 años y todos vivían en Jamaica. Su padre era agricultor y su madre una ayudante de oficios domésticos.

“La siguiente vez que vi a mi madre yo tenía 21 años”, recordó la directora, indicando que para entonces ella ya tenía una hija. “Las mujeres del mundo siempre harán sacrificios; esto no es nada nuevo para nosotras”.

Su mensaje para las nuevas ciudadanas fue claro.

“Es su trabajo ser buenos vecinos y buenos ciudadanos”, recalcó Wynter. “Es importante porque hay mucha gente en la frontera esperando para poder entrar. Si somos buenos ciudadanos, se hace la tarea mucho más fácil para la próxima persona”.

En honor a su madre que fue sepultada en Jamaica hace un año después de haber vivido en Estados Unidos por 30 años, la directora obsequió una rosa roja a cada una de las nuevas ciudadanas.

“Nosotros la merecemos”, enfatizó Wynter. “El sueño americano está vivo y está bien. Yo soy un ejemplo de eso”.

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