Centro Tampa - Noticias en Español | CentroTampa.com
domingo, 22 octubre, 2017
Opiniones

Un filme sacude a La Habana

LA HABANA -- En el organismo rector del cine oficial cubano (ICAIC), hay incomodidad. Los oficiales de la 10ma sección de la Dirección de Inteligencia del Ministerio del Interior cuestionan a los funcionarios del Ministerio de Cultura. ‘El Paquete’, una selección underground de la programación hispana de la televisión estadounidense, tiene prohibido incluirla. El último Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana, y hasta el Havana Film Festival de Nueva York, una muestra de lo más reciente del cine cubano, recibió amenazas desde la isla y decidió excluir la película ‘Santa y Andrés’, del director Carlos Lechuga (La Habana, 1983).

Ya se lo dijo Lechuga al periodista Andy Muñoz: “Mucha gente se sentirá identificada con mi película”.

Y así es.

Las copias piratas de la película pasan de mano en mano (en memorias USB) reafirmando la idea de que “la tecnología erosiona el sistema totalitario”. Y en la soledad de las casas, porque no se puede proyectar en público, el único comentario es en puro cubano: ¡Está dura!

La película que estremece al país en estos días es un largo metraje de casi dos horas que fue filmada completamente en una zona rural de las cercanías de La Habana. La fortaleza del guión es mostrar el ostracismo al que son condenados los artistas disidentes, homosexuales y sus obras durante la dictadura de los hermanos Castro. Toma como modelo el escarnio que sufrió el poeta homosexual Delfín Prats Sariol (Holguín 1945), en la década del sesenta y setenta. Pero pudieron tomar otros muchos, donde resaltan tanto por su talento como por su castigo: Severo Sarduy, Reynaldo Arenas, Lina de Feria, Cabrera Infante Carilda Oliver o Celia Cruz. Algunos de ellos ‘rehabilitados’ después de muertos, o, aun en vida.

Narrada de manera sencilla con pocos diálogos y menos personajes, solida actuación, mejor fotografía y una banda sonora que reafirma cada momento de la trama, el filme, perseguido con saña por la censura oficial se mueve en la tecla del drama, no del victimismo. Al final, el artista se rebela y toma una decisión para la salvación de su próxima obra que está, como este filme, perseguido por la polícía política.

Andrés es un poeta homosexual condenado al ostracismo, tanto por su obra como por su preferencia sexual. Las dictaduras no aceptan el liberalismo. Vive en un desvencijado cuartucho en el medio del monte. Una mujer de la comunidad que se dedica a ordeñar vacas es amante de un oficial de la “pesada” y perdió a su pequeño hijo en un accidente, Santa, recibe la orden de su jefe/amante de vigilarlo durante tres días. Para cumplir la orden, la campesina llevará su taburete cada día, durante tres amaneceres, a la entrada de la choza, frente a la cual se sentará.

Impedirá con su acción que el poeta visite el pueblo donde habrá un importante encuentro literario, con invitados extranjeros. Dos almas solitarias y marginadas son “presentadas” paradójicamente por la policía política. Paso a paso, cada uno comprenderá que tienen mucho en común. La historia da un giro cuando el amante prostituto del poeta denuncia a la policía secreta la existencia de un nuevo libro, escondido en algún lugar de la choza. El acto de repudio y la golpiza contra el infeliz, cataliza la actitud de Santa y, sin lugar a dudas, al espectador crítico, que tiene ante sus ojos nuevamente una de las marcas de la dictadura: La violencia contra los débiles.

Sorprende la actuación de cada uno de los protagonistas, en especial, la de Lola Amores (Santa) y Eduardo Martínez (Andrés), sobriamente acompañados por César Domínguez (prostituto) y George Abreu (Jesús, el seguroso), la mayoría poco conocidos en el crisol actoral antillano. Pero, sobre todo, la recia mano del director, que conduce la trama muy alejada de la verborrea vacía que llena hoy al cine.

Paso a paso, Lechuga construye una monumental denuncia contra el régimen, sin alardes o algarabías y se posesiona en lo mejor del cine cubano de todos los tiempos, a la altura de La ‘Virgen de la Caridad’ (1929), ‘Romance del Palmar’ (1939), ‘Cuatro muertes a Plazo Fijo’ (1954), ‘Memorias del Subdesarrollo’ (1968) y ‘Papeles Secundarios’ (1989).

El director Lechuga renueva al cine cubano, tan complaciente con el gobierno, y desentierra en ficción un capitulo injustamente olvidado, salvo por los documentales ‘Conducta Impropia’ (Néstor Almendros) y ‘Seres extravagantes’ (Manuel Sayas).

El filme trasciende entre otras cosas por la atemporalidad de la historia, que nos recuerda el reconocido filme ‘Himalaya: L’Enfance d’un chef’, de Eric Vali (1999). y ‘El primer maestro’ (1966), de Andrey Konchalosvky.

Eso que ves en el filme puede estar pasando ahora mismo… eso es lo que estremece.

Comments