Opiniones

Mujer es ejemplo de vida y superación

TAMPA -- Siete dólares. Un pañal. Una niña que lucha por las complicaciones de un parto prematuro.

Estos elementos de la notable historia de Melanie Rojas-Silva, de 37 años, realmente subestiman lo mucho que se ha superado.

Rojas-Silva dejó de estar al cuidado de su abuela en Puerto Rico cuando tenía 11 años y se unió a sus padres, en Estados Unidos, para entrar a una casa llena de abuso doméstico. Ella y sus hermanos menores se encontraron en medio de constantes peleas hasta que una noche esas riñas llegaron a un punto culminante.

“Mi padre mató a mi madre en un ataque de rabia”, dijo Rojas-Silva frente a más de 1,000 personas que asistieron, recientemente, al almuerzo Metropolitan Ministries Bridge Builder.

“Yo era joven, recién salida de la escuela secundaria y deseando ir a la universidad, pero no todo estaba dicho”, recordó Rojas-Silva. “Mi hermano tenía 15 años y mi hermana nueve. Tuve que ir a trabajar si quería mantener a nuestra familia unida”.

Durante los siguientes diez años, Rojas-Silva tuvo dos y hasta tres empleos para apoyar a su familia. Finalmente su hermano pudo comenzar una carrera culinaria y se casó. Mientras tanto, su hermana fue a la Universidad del Sur de la Florida y posteriormente obtuvo una Maestría en Psicología en la Universidad Estatal de la Florida.

Rojas-Silva, entonces, pudo concentrarse en sí misma. Contrajo matrimonio, consiguió un empleo en una compañía financiera y esperó feliz el nacimiento de su primer hijo. Sin embargo, surgieron complicaciones. Ella fue hospitalizada por un cuadro de hipertensión y tuvo a su hijo prematuramente. Al mismo tiempo, perdió su trabajo por el impacto de la recesión del 2008.

Rojas-Silva dio a luz a una niña de solo dos libras de peso que los médicos debieron mantener en el hospital. La mujer regresó a su casa para encontrarse con el hecho de que su marido la había abandonado, aparentemente debido a que no iba a poder soportar las penurias de la paternidad.

Una serie de pruebas médicas realizadas a su hija, a los dos años de edad, evidenciaron complicaciones en el corazón, hígado y crecimiento, así como parálisis cerebral y un posible cuadro de autismo. El estado de salud de su hija hizo imposible que Rojas-Silva pudiese mantener un trabajo estable. La situación la obligó a dejar su apartamento, que era agradable y limpio, para mudarse a un lugar cuyos alrededores estaban infestados de cucarachas y que se asemejaba más a un almacén que un lugar para vivir.

“Aparte del hecho de que estaba constantemente preocupada por la salud de mi hija, era cada vez más incapaz de reconocerme en el espejo”, dijo Rojas-Silva. “La mujer que existía entonces solo se hacía preguntas ... ¿Es sólo cuestión de tiempo, antes de que alguien diga que no puedo cuidar a mi hija y se la lleven lejos de mi?”

Las respuestas se apoderaron de Rojas-Silva como una guillotina que estaba a punto de caer sobre ella. No obstante, nunca perdió la esperanza, algo que le fue inculcado por su abuela durante sus años vividos en Puerto Rico.

“Cada vez que necesitaba algo, tuve la suerte de tener gente bien dispuesta en mi camino”, dijo Rojas-Silva minutos antes de pronunciar su discurso y testimonio de vida en el hotel Hilton, del downtown de Tampa.

“Los pequeños ángeles siempre me ayudaron”, agregó Silva.

Los pequeños ángeles del Metropolitan Ministries hicieron la mayor diferencia.

Con ese pañal para su hija, siete dólares y una preciosa niña, Rojas-Silva entró al programa (de asistencia) Uplift U. Así accedió a un refugio temporal para vivir y a recibir comida y pañales limpios que ella no solo necesitaba sino que había ganado durante años de sacrificio personal.

Su hija fue diagnosticada con autismo, pero comenzó a mejorar notablemente en la guardería MetMin. Los sueños de Silva comenzaron también a prosperar.

Rojas-Silva consiguió un trabajo, regresó con el tiempo a tener un apartamento por cuenta propia y se inscribió como estudiante en el Hillsborough Community College. Allí finalmente se graduó con honores y habló en la ceremonia de cierre.

Con calificaciones estelares, Rojas-Silva logró también conseguir una beca para asistir al Mount Holyoke College, en Massachusetts, donde espera graduarse con un título en Idiomas (inglés y español), para trabajar como traductora.

El milagro de haber convertido esos $7 dólares y un pañal para su pequeña hija y lograr un grado académico y profesional en uno de los colegios más prestigiosos de la nación, ocurrió también gracias a la ayuda de la organización Metropolitan Ministries, que cambia la trayectoria de las vidas de las personas necesitadas, y al apoyo que recibe de esta comunidad.

Si Rojas-Silva pudo superar las dificultades de la misma forma en que un avión se eleva por encima de una turbulencia, lo menos que podemos hacer nosotros es levantarnos y echar una mano.

Eso es todo lo que digo.

Siga a Ernest Hooper @hoop4you.

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